viernes, 15 de febrero de 2013

BUSQUEDA DEL AUTOR DE ESTE BLOG

LA BUSQUEDA CONTINUA


ESTOY BUSCANDO CONOCER A MUJER SUMISA/ESCLAVA  QUE TENGA POSIBILIDADES Y EL DESEO DE RELOCALIZARSE (VIVO EN EL BOLSON, RIO NEGRO), PARA LLEVAR ADELANTE UNA RELACION DENTRO DEL BDSM, PREFERENTEMENTE CON CONVIVENCIA. INTERESADAS PODRAN ESCRIBIR A bdsmbolson@gmail.com. MUCHAS GRACIAS.

PD: GRACIAS A QUIENES HASTA AHORA SE COMUNICARON POR ESTE AVISO MAS ALLA DE LOS RESULTADOS.

7-8-2014 ANTES QUE NADA, QUIERO AGRADECER LAS MAS DE ¡74.000! VISITAS QUE EL BLOG HA TENIDO HASTA HOY. CUANDO EMPECE CON ESTOS RELATOS, NO ESPERABA LLEGAR A TANTO NI EN MIS SUEÑOS. ASI QUE MUCHISIMAS GRACIAS A TOD@S.

jueves, 14 de febrero de 2013

LOS PIES


Arrodillado, con la mirada al piso, veo mis pezones apretados por la pezonera, la cadena colgando.

Veo pies.

Mis manos atadas a mi espalda.

La saliva chorrea desde mi boca a travès de la gagball que mi Ama me puso al empezar la sesiòn.

Hoy mi cabeza se siente extraña. Estoy entregado, pero pienso. Pienso ¿còmo?; pienso ¿por què?; pienso ¿cuàndo?.

Veo pies y la mano de mi Ama que toma la cadena de la pezonera y empieza a tirar. Tira y el dolor sube como el mercurio de un termòmetro metido en agua hirviendo. Resoplo. Empujo mi saliva contra la gagball y salpico. Mi Ama lleva la cadena hacia arriba. Levanto levemente la cara y enseguida, viene el cachetazo.

- Mirando al piso dije.

Bajo nuevamente el rostro hacia el piso; abro los ojos, veo mis pezones estiràndose, provocàndome dolor; veo los pies.

Pienso de vuelta.

Nunca pienso en las sesiones. ¿Por què hoy sì?. No lo se.

El dolor me recorre todo el cuerpo. Tengo una erecciòn y escucho que mi Ama se burla del tamaño de mi pene erecto.

“Putito” escucho que me dice.

Cuando siento que ya no voy a soportar màs, justo en ese momento en que la primera làgrima empieza a salir de uno de mis ojos, ella suelta la cadena.

Respiro agitado; miro la cadena que vuelve a colgar libre y mi pene, que sigue erecto.

Mi Ama pega la vuelta y se pone detràs mìo. Afloja la correa de la gagball. Un chorro enorme de saliva cae de mi boca. Algunas gotas quedan en mi pecho, otras en mi panza, algo llega a mi pene y a esos pies descalzos.

- Levanta la cara y abrì la boca – ordena y yo obedezco. Entonces, por primera vez, me encuentro con el pene del otro esclavo de mi Ama. Està justo frente a mi cara, erecto como el mìo.

- Esto va a ser muy muy divertido, putito. Mirà – me dice mientras me agarra de los pelos. – Hoy vas a chupar una pija por primera vez. Hoy los dos van a ser putitos de verdad – dice y se rìe. – Vos, putita pasiva mi amor – me dice al oìdo Analìa, mi esposa y mi Ama. – Acercate màs – le dice al otro esclavo. – Metèsela en la boca. Asì, eso mismo – comenta satisfecha, mientras la pija del otro esclavo entra en mi boca.

Estoy chupando una pija, empezando a practicar una fellatio. En ese momento dejo de pensar cuando, como o por què. Solo chupo porque mi Ama quiere que lo haga.

- Te va a ahogar en leche – dice mi Ama mientras empieza a masturbar al otro esclavo en mi boca. – Seguì chupando – dice y desaparece por unos segundos.

Enseguida, siento su mano jugando con mi ano. “Me està lubricando” pienso y no me equivoco. De a poco, empieza a meterme un dilatador anal. Me retuerzo y empiezo a despegarme del piso, pero ella me lo impide mandàndome de vuelta para abajo, sostenièndome de los hombros.

Por mis movimientos, la pija del otro esclavo se sale de mi boca.

- Metèsela de vuelta – ordena ella y enseguida la pija vuelve a cogerme la boca. No se quien es èl. Sòlo se que es su otro esclavo, que lo viene entrenando hace 3 meses y que desde hace 2 semanas me viene avisando: - Vos vas a ser lo que yo quiera. Y quiero que seas pasivo de otro hombre, ¿està claro?.

Acà estoy, arrodillado, con un dilatador en mi culo, chupando una pija. Ella lo quiere asì y yo obedezco.

- Ojo con acabar – le dice al otro esclavo. Despuès me dice: hace 3 semanas que lo privè de acabar. Siempre acaba muchìsima leche. No me quiero ni imaginar lo que te va acabar hoy. Aunque todavía no se…capaz que le ordeno que primero te coja, asì me entretengo un rato con mis dos putitas.

Escucho como la respiración del otro esclavo se acelera. Mi Ama le agarrò la pija y lo està masturbando frenéticamente dentro de mi boca. ¿Quiero probar semen?. ¿Tengo que tragarlo o no?. ¿Què sabor tendrà?. Ella quiere que sea una puta 100%. Quiero ser la màs puta entonces.

Pero no siempre fue asì

------------------------------------------------

Nos conocimos en la Universidad de Arquitectura. Congeniamos de entrada y no tardamos mucho en empezar a salir y después en ponernos de novios. Al año y 4 meses se mudò conmigo.

Vivìamos cerca de Obras… ahora lo llaman de otra manera, pero para mi sigue siendo El Estado De Obras, asì que ir a los recitales era un lujo: mientras todos iban a tardar horas en volver a sus casa, nosotros en menos de 5 minutos después de terminado cualquier recital estàbamos en nuestro departamento. Lo mismo cuando los recitales eran en Riber.

El sexo era fabuloso, abierto, sin tabùes, aunque nunca concretamos nada fuera del sexo en pareja. Fantaseamos con acostarnos con una travesti, con hacer un trìo (de las dos maneras), con ir a algùn boliche swinger. Pero sòlo fueron fantasìas.

Dos años después de haber empezado a convivir nos casamos, sòlo por civil.

Nunca fantaseamos ni con ataduras, ni con vendas ni nada parecido. No se porquè, pero nunca se nos diò.

Hasta que una noche, durante una cena en casa de unos amigos, ella me dijo en voz alta “Vos callate”, con un tono de voz que nunca habìa usado, un tono de voz que me estremeciò. No se de dònde saliò aquella orden, sòlo recuerdo que estàbamos discutiendo algo de polìtica, que yo dije algo (algo con lo que ella estaba de acuerdo porque ya lo habìamos hablado) y que ella ordenò.

- Vos callate.

Me acuerdo que se hizo un silencio después de eso, alguien hizo una broma y todo pasò. Pero ella ni me mirò y yo, en vez de enojarme por el tono de voz que habìa usado, me excitè. Fue algo incomprensible.

Pensè que ìbamos a hablar de lo que habìa pasado al volver a casa aquella noche. En vez de eso, tuvimos sexo y nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, Analìa dijo:

- Lo de anoche…

Parecìa avergonzada.

- …no se muy bien que fue, pero cuando terminè de decirte que te callaras…- hizo una pausa. - ¡Creì que iba a tener un orgasmo! – dijo y se riò.

Estaba esperando que se disculpara y cuando no lo hizo y no me enojè, sino que al contrario, sentì alivio y placer, una oleada de confusiòn me sacudiò.

------------------------------------

En las semanas siguientes algo empezó a cambiar entre nosotros, algo empezó a ser diferente. Analìa me daba pequeñas òrdenes y yo las cumplìa. Ya no pedìa “por favor” ni usaba un tono de sugerencia del estilo “¿Me alcanzarìas las medias?”.

- Las medias. Las blancas con tiras azules – decìa y señalaba el cajòn con sus medias. Yo abrìa el cajòn, buscaba las medias y se las alcanzaba.

Si querìa que le sirviera una bebida durante la comida, simplemente estiraba su mano con el vaso.

Una noche, durante la cena, hizo lo mismo: estirò su mano con la copa. Yo tomè la botella de vino y cuando me disponìa a servirle un poco me dijo

- Para servirme, te paràs, das la vuelta y me llenàs la copa.

Yo sòlo pude decir

- Si.

Ella sostuvo la copa sin siquiera dirigirme una mirada. Dejè la botella de vino sobre la mesa y volvì a sentarme.

Pasaron varias cenas. La escena se repetìa, como venìa repitièndose desde aquella primera vez que me ordenara pararme para servirla. Excepto que esa noche, cuando me estaba por volver a mi silla ella dijo

- Hasta que no te diga “Retirate” vos no te sentàs de vuelta.  

Dìas después me ordenò que lavara los platos. Nada nuevo, ya que hacìa varias noches que me ordenaba lo mismo. Excepto que esa vez me dijo

- Tengo algo para vos.

Trajo una bolsa que tenìa en el placard. De adentro, sacò un delantal de mucama.

- Ponètelo – ordenò. Y yo obedecì. Nada màs obedecì. – Cuando termines, voy a revisar plato por plato, cubierto por cubierto. Voy al living. Avisame cuando termines.

Lavè los platos con esmero. Tambièn los cubiertos, una sartèn y una olla que habìa quedado del mediodìa.

- Ya està – dije. Pero ella no vino. – Terminè – repetì algunos segundos después, cuando notè que ella seguìa sin acercarse. Pero tampoco vino. Desconcertado, no recibì respuesta alguna màs que su silencio. Entonces algo me golpeò, algùn recuerdo lejano sobre algùn artìculo o alguna lectura del pasado sobre “conductas sexuales alternativas” o algo por el estilo. No se de dònde vino eso. Sòlo se que entonces dije

- Señora, terminè de lavar los platos

y recièn entonces escuchè como Analìa se levantaba del sillòn y venìa para la cocina.

-----------------------------------

Ella no preguntò. Yo tampoco. Sucediò. De a poco fue pasando.

Pasaron varias semanas sin novedades, hasta que un fin de semana me dijo “Vamos”. Salimos. Yo no sabìa dònde ìbamos. Caminamos algunas cuadras. Ella no hablaba. Sòlo caminaba. Se habìa puesto unos zapatos con tacos que no usaba casi nunca. Un pantalón ajustado. Estaba muy bien peinada. Analìa es muy hermosa y tiene un cuerpo bàrbaro. Tengo suerte pensè. Mucha suerte.

Al llegar a una esquina me dijo “Camina atràs mìo”. Yo la mirè sorprendido. “¿Què pasa?. ¿No entendès?”.

No contestè. Empecè a caminar unos pasos detràs suyo.

A las 6 cuadras llegamos a nuestro destino: una veterinaria.

- Venì – ordenò y la seguì.

Pensè que raro, nosotros no tenemos mascota.

Qùe ingenuo: si tenìamos una, pero yo todavía no lo sabìa.

Nos acercamos a un exhibidor de collares.

- A ver – murmurò ella. – Este.

Tomò un collar, se diò vuelta y lo sostuvo delante mìo.

- ¿Què te parece pe-rri-to? – dijo con una sonrisa burlona dibujada en el rostro.
- Està bien. Me parece bien – dije.
- ¿Te parece bien pe-rri-to? – repitió ella. Un vendedor nos miraba de lejos. – Me parece que te voy a tener que enseñar modales… -
- ¿Por què, què hice mal?.
- Cuando lleguemos a casa te digo, pe-rri-to.

Analìa eligiò un collar, una correa con cadena y un plato para comida; comprò dos huesos de goma màs o menos grandes.

- Y agregame un kilo de ese balanceado y medio de arroz vitaminizado.

Me habìa equivocado: no tenìamos mascota. Ella tenìa una.


--------------------------------------

- Agarralo de las caderas – ordenò mi Ama. – Ya està bien lubricadita esa cola.


Analìa se acercò y a mi cara, me tomò de los pelos y dijo:


- Cogètelo


El otro esclavo me penetrò. Yo me retraje y ella, tomàndome con firmeza de los pelos dijo:


- Màs fuerte y màs ràpido, y ojo con acabar, perro. Y vos…grità.


Y yo gritè. A mi Ama le encanta penetrarme, pero esto es otra cosa, esto es algo diferente. Un varòn me està penetrando, un varòn con su pija de verdad.

Siento que mi Ama le dice algo al esclavo que me està cogiendo pero no entiendo lo que dice. Mi respiración agitada, mis gemidos, el ruido de su cadera pegando contra mis nalgas, el “plac plac plac” de su pija entrando y saliendo de mi culo no me permiten escuchar que es lo que Analìa le dice al otro esclavo. No importa. Lo ùnico que importa es que ella està feliz. Y yo tambièn, a mi manera.

-------------------------------------

Empezamos a sesionar casi a diario. No eran efectivamente sesiones, sino màs bien eventos dentro del trato diario que ya era rutina. Ella ordenaba, yo cumplìa. Ella me habìa enseñado a llamarla “Señora” y yo me habìa acostumbrado a que me llamara “perro”. Asì fue hasta que una tarde de sàbado, un fin de semana me dijo:

- Quiero que seas mi esclavo.

Yo dudè unos segundos.

- Yo…me parece que en los hechos… digo, ¿no?.
- Si, en los hechos lo sos. Pero quiero que seas mi esclavo. Digo mìo, de mi propiedad.
- Bueno…por eso digo…no soy de nadie màs, me parece… Por eso decìa que en los hechos…
- Ya se que en los hechos lo sos. Hablo de otra cosa.
- ¿De què?.
- De firmar un contrato de esclavitud.
- Pero…estamos casados.
- Si, pero esto es otra cosa.
- No se de què estàs hablando…
- ¿Còmo que no sabès?.
- No, no se.
- ¿En serio?. Con todo el tiempo que llevamos…digo, que te trato asì, que sesionamos, que te cojo… - dijo, sonriò, hizo una pausa y siguió - …que te cojo como lo que sos, perro… ¿no sabès què es esto?.
- No, yo…no…se que se fue dando asì, no se còmo…y la verdad que no me importa pero… no… O sea sì se…
- ¿Sabès o no?.
- Si…obviamente al principio investiguè un poco porque bueno…no se…no sabìa…
- ¿Entonces?.
- Bueno…si, se que esto es sado…no soy tan tonto…
- No lo se. Por ahì màs que tonto, sos tontita…

Puse mala cara. Ella me agarrò del mentòn.

- ¿Què pasa, putita? – dijo ella socarronamente.
- Nada…
- ¿Nada què?.
- Nada Señora.
- Asì me gusta. Entonces… ¿què decìs?.
- ¿De què?.
- Ay…de ser mi esclavo.
- Que ya lo soy.
- Si, ya se…pero del contrato, ¿estàs de acuerdo?.
- Creo que si Señora.

Ella sonriò, me tomò de la correa, la llevò hacia abajo, obligàndome a arrodillarme. Despuès acercò mi cara contra su entrepierna y dijo

- Lameme cachorro – mientras se corrìa la bombacha hacia un lado.

-------------------------------------

El dìa de nuestro primer aniversario de la firma del contrato, mi Ama dijo


- De 6 de la tarde a 12 de la noche no te quiero en casa. Voy a probar a un candidato.


Yo me quedè mudo.


- ¿Entendiste perro?.


Solo dije


- Si Señora


y tal cual ella ordenò, aquella tarde estuve fuera de la casa desde las 6 de la tarde hasta las 12 de la noche.

-------------------------------------

Unos meses después me ordenò arrodillarme al costado de nuestra cama. Atò mis manos y mis tobillos; me puso una màscara, un dilatador anal pequeño en mi culo y unos broches suaves en mis pezones. Luego se fue al living a mirar televisión.

15 minutos màs tarde sonò el timbre. Ella bajò a abrir y volvió unos minutos después. Por lo que se escuchaba y el tono de su voz, estaba con el otro esclavo.

Otros 15 o 20 minutos pasaron y entonces entraron al cuarto. Ella estaba completamente desnuda, su cuerpo fabuloso a flor de piel. Detràs, su otro esclavo, con una màscara de hule, un anillo alrededor de su pene, que estaba absolutamente erecto. Lo traìa con correa.

Analìa lo obligò a sentarse en la cama, del lado en el que yo duermo. Le atò las manos y le puso una venda de cinta americana sobre el agujero para la boca. Sin siquiera mirarme, se subiò sobre aquella pija y empezó a cogèrselo.


- Si…eso…esta es una pija de verdad… esto es un macho – decìa. – Al fin… un perro con una pija que se puede usar… Mirà perra inservible… - me decìa, aùn sin dirigirme ni una mirada. – Mirà puta…

Toda la humillación a la que Analìa me habìa sometido hasta aquel momento fue nada frente a lo que estaba viendo. Inmovilizado, sin derecho a hablar, estaba viendo como mi esposa cogìa con otro varòn en mi propia cama. Aquello era lo màs humillante de todo y sin embargo no podìa dejar de mirar, no querìa perderme nada.

---------------------------------

- Mmmm…ahora…el gran final – dijo mi Ama.


¿Cuàndo? pensè.


Me hizo arrodillar y ordenò a su otro esclavo que se parara delante mìo.


- Limpiate esa pija – le dijo.


¿Còmo?. ¿Por què?.


- No va a tardar mucho – dijo Analìa, mientras lo masturbaba con fuerza dentro de mi boca. – Ya viene putita, ya viene.


No se còmo empezó todo. Sì el hecho puntual, pero… ¿còmo fue?. ¿Por què un dìa me humillò en pùblico ante nuestros amigos y yo, en vez de decir algo, me callè?. ¿Hubieron antecedentes y yo no los habìa registrado?. ¿Por què ese cambio?. ¿Cuándo…?.

- Ahì està…ya le saco toda la leche a esta pija -. Se escuchaban los gemidos de dolor del otro esclavo, mi Ama masturbàndolo con fuerza exagerada, cada tanto le tiraba la piel para atràs para provocarle dolor, o con una mano le estrangulaba la pija y con la otra le retorcìa los testículos.


Las preguntas se aceleraban en mi cabeza, me aturdìan. Mi Ama me habìa hecho coger por otro varòn y ahora estaba a punto de obligarme a tragar su semen. Una y otra vez me preguntaba y me preguntaba hasta que de repente surgiò una pregunta que apagò a todas las demàs.

¿Importa?.

La respuesta fue sencilla: no.


Fue entonces cuando los primeros chorros de aquel semen caliente llegaron hasta mi garganta e inundaron mi boca, casi ahogàndome, mientras mi Ama reìa y reìa cada vez màs fuerte, cada vez con màs placer.  

jueves, 22 de marzo de 2012

A LA TERMINAL

Se detuvo por un instante. Todavìa no querìa acabar. Controlaba el ritmo, controlaba su excitaciòn. Controlaba todo.





Sintiò una gota de transpiraciòn corrièndole por la frente. Moviò un poco la cabeza. La gota bajò hasta la punta de la nariz y luego cayò sobre la espalda de su ¿futuro esclavo?.





Apoyò la cabeza de su pene sobre el agujero del culo y dejò caer todo el peso de su cuerpo durante el empujòn.





- Asì puta - dijo. Repitiò la frase una vez y otra y otra. No tuvo respuesta del otro lado. Un pedazo de cinta americana tapaba la boca de su...





Mientras cogìa el culo de su futuro esclavo, de su “esclavo a prueba”, mirò hacia un costado. Viò el nudo, preciso, firme, que detenìa la muñeca derecha del aspirante al extremo de la cama. No se detuvo y siguiò cogièndose al aspirante cuando mirò para atràs. Observò la cuerda alrededor del tobillo derecho de “esclavo sin nombre”.





Volviò a detenerse. Esta vez se retirò por completo de aquel culo. Se levantò de la cama. El aspirante tenìa la cara hundida en la almohada. Lo escuchaba llorisquear. Se arrodillò a un costado de la cama y dijo:





- ¿Paro de cogerte?.





El aspirante diò vuelta la cara. Sus cachetes estaban rojos. Estaba transpirado. Sus pelos mojados. Ni siquiera intentò hablar. Apenas si moviò la cabeza de lado a lado.





El Amo tomò una botella de gaseosa de la mesita de luz.





- ¿Querès?.





De nuevo el aspirante moviò la cabeza de manera negativa. Ràpidamente el Amo dejò la botella de dònde la habìa tomado, se montò sobre el aspirante y volviò a penetrarlo. Enseguida estaba cogièndoselo a toda velocidad. Los almohadones bajo el vientre del candidato a esclavo le dejaban el culo en una posiciòn ideal. Esta vez se agarrò de los pelos del aspirante, los envolviò entre sus dedos y tirò de ellos casi sin piedad.





“Sin piedad” pensò. “Hablamos y èl dijo - Sin piedad -. Sin piedad”.





Su cadera golpeaba con fuerza el cuerpo lampiño de aquel aspirante que, hasta hacìa apenas una hora, tal vez unos minutos màs, nunca habìa estado con otro varòn ni habìa sido sometido. Dos primeras veces en una sola vez.





El Amo gimiò cerca del oìdo del aspirante mientras no dejaba de moverse. Controlaba su excitaciòn. No querìa acabar. Todavìa no habìa decidido dònde iba a hacerlo, si dentro del culo de su “perra” o en su boca.





- Si te viera tu madre... - le dijo al oido





Sonriò.





Disminuyò el ritmo de penetraciòn. Tenìa todo el cuerpo transpirado. Se retirò del aspirante y se quedò tomando aire por unos momentos. Bajò de la cama, fue hasta la mesa de luz, tomò un trago de gaseosa y prendiò la càmara de fotos. Cuando escuchò el ruidito de encendido (un sonido como de una puerta sin aceite en sus bisagras, pero a muy bajo volumen), el aspirante diò vuelta la cara. Seguìa roja. Sus ojos mostraban signos de preocupaciòn.





- No te preocupes. No las voy a hacer pùblicas hasta que seas mìa. Y si no sos mìa, las borro. Ya te lo dije - explicò. Tomò 10 ò 15 fotos.





Le gustaba hablarle asì al esclavo a prueba, cambiarle el gènero. Sabìa que aquello lo humillaba y el aspirantel estaba ahì para que èl lo humillara, lo usara, lo torturara. Incluso cogèrselo no iba sòlo de penetrarlo: era algo màs.





Lo mirò durante algunos segundos. El aspirante tenìa muy buen cuerpo. Còmo no tenerlo si acababa de recibirse de profesor de gimnasia. Era lampiño. El pelo apenas largo. Sus piernas estaban marcadas por la pràctica constante de deportes. La cola, bien. Si se convertìa en su esclavo (“esclava”, “perrita”, “nena”) le ordenarìa hacer ejercicios especìficos para que ese culo no estuviera solo “bien”, sino perfecto.





“¿Por què un varòn?” pensò. “¿Realmente voy a hacerlo mi esclavo?”. Pensò: “Quiero una esclava. ¿Esto es un esclavo de descarte porque no consigo esclava?. ¿No puedo conseguir porque soy un inùtil con las mujeres?. ¿O...?”.





No era un inùtil con las mujeres. Al menos con las vainillas. Como siempre, empezò por auscultarse a sì mismo. Enseguida se diò cuenta que tenìa lo suyo, pero que del otro lado... “mamita querida” pensò...





Sacudiò la cabeza, terminò de sacar algunas fotos, dejò la màquina sobre la mesita de luz. Se puso a un costado de la cama. Se diò cuenta que el aspirante lo miraba, asì que tomo el pomo de lubricante y se puso un poco màs de vaselina sobre el pene para que su perra lo viera. Tapò al pomo y lo dejò al lado de la cara del silencioso esclavo a prueba; volviò a subirse encima de èl y nuevamente lo penetrò hasta el fondo. Se escuchò un gemido ahogado y enseguida, la respiraciòn agitada del aspirante. Mientras lo penetraba con fuerza, le arrancò al candidato la cinta adhesiva de la boca. Este gritò.





- Ahhhhhh...





El Amo lo tomò de los pelos y le dijo al oìdo.





- Recièn empezamos.





El candidato no respondiò Sentìa un dolor intenso, insoportable. Pero no le importaba. Estaba donde querìa estar. Estaba, còmo decìa, “como merezco estar, porque soy esclavo”. Le dolìa el culo, su ano hervìa, sentìa cada penetraciòn y no lograba entender còmo habìa llegado ahì. Pero no le importaba. Todo lo que le importaba era servir y ser usado, aprender y convertirse en un perro... “en una perra fiel” pensò.







El Amo dijo:





- Pensar que nos quedan 13 dìas màs. ¿Vas a quedarte para toda la prueba o ya te arrepentiste?



- No Señor. No estoy para nada arrep...





La frase quedò cortada por un gemido. El Amo habìa acelerado de vuelta el ritmo de penetraciòn. No le daba descanso.





“Va a ser mìo” pensò. Pensò tambièn en lo de “descarte”. De repente se acordò de “El protegido”. No en la calidad de la pelìcula (aburrida, mala, previsible) sino en la idea del personaje de los “huesos de vidrio”: màs que el protegido, Bruce Willies era el elegido, el que habìa pasado la prueba. Pensò en si la comparaciòn era buena. Decidiò que no tanto. Dejò de pensar en eso y se concentrò en su perra.





Le desatò las manos, con cuidado, luego los tobillos. Le pasò el brazo alrededor del cuello y le dijo





- Arrodillate.





El esclavo sin nombre obedeciò.





- ¿Duele?.



- Si Señor.



- Separà las piernas.





El Amo se afirmò sobre sus rodillas y dijo





- Venì





Acomodò su pija y entonces volviò a penetrarlo.





Mientras rodeaba el cuello de su futuro esclavo con el brazo izquierdo, retorcìa uno de sus pezones con la otra mano. El aspirante gemìa cada vez con màs fuerza.





- Y asì termina nuestra primera sesiòn - dijo el Amo. Entonces, acabò dentro del culo de su futuro esclavo.





---------------------------------------------------------





Mirò hacia abajo, a la espalda del esclavo a prueba.





- Te vas a llamar Andrea - dijo.





Se agachò y dejò el plato con ensalada delante de la cara de “Andrea”.





- Comè.





Luego se sentò a almorzar. Se sirviò fideos con salsa preparada con cebolla, ajo, cigoulet y chorizos cocinados en ella. Cuando se sintiò completo (no comìa màs de lo que sentìa que debìa comer. Detestaba la gula) devolviò las sobras a la sartèn. Dejò el plato en el piso y ordenò





- Limpialo. Tiene que brillar.





“Andrea” se esmerò. Vestìa medias blancas 3/4, botitas, bombacha y una remera que le dejaba toda la panza al aire.





“Andrea” se retirò y dijo





- Terminè Señor.





El Amo tomò el plato y lo revisò.





- Brillante - dijo. Agarrò la correa de encima de la mesa, la enganchò en el collar de “Andrea” y se la llevò para afuera, a dar una vuelta por el jardìn.





-----------------------------------------------





- Una de las ventajas de vivir en un pueblo como este - dijo el Amo - es que uno no necesita mucha plata para estar bien. Eso y que las propiedades valen menos que en la capital. Mucho menos. Con lo que saquè cuando vendì la casa que tenìa allà, me comprè esta casa, y tres departamentitos en el centro...bueh...acà a 8 cuadras...el centro - sonriò. - Trabajo un poco para estar entretenido, pero podrìa dedicarme nada màs que a hacer lo que me gusta sin laburar. Imagìnese puta, no pago alquiler y encima gano lo que gano con los alquileres... Por eso tengo tanto tiempo para esto...





El futuro esclavo estaba atado a una silla. Sus pezones, apretados por los broches de una percha que a su vez colgaba del techo mediante una cadena fina, lo que provocaba que el dolor estuviera doblemente exarcebado para el aspirante. Llevaba gagball con gancho, que tambièn colgaba del techo mediante otra cadena. La saliva le caìa por los costados de la boca.





El Amo lo masturbaba frenèticamente. Llevaba un guante descartable en la mano derecha. Dejaba alcandidato al borde del orgasmo y se detenìa. Una y otra vez. De tanto en tanto, cuando sentìa que la respiraciòn del aspirante se calmaba, le estiraba el pene y lo pisaba con sus borcegos.





- Agggghhhhh.





Luego, vuelta a masturbarlo.





Venìa torturàndolo de esa manera desde el primer dìa. Tambièn venìa amenazàndolo con hacerlo acabar sobre sì mismo y luego seguir torturàndolo sin màs tràmite. Siendo varòn sabìa lo que siente un varòn luego de acabar, ese bajon repentino, esa desapariciòn instantànea de la adrelina, ese momento de querer retirarse y no hacer nada màs. Torturar a un varòn, cogèrselo, forzarlo a practicar una fellatio despuès que acabò, multiplicarìa la humillaciòn a niveles ilimitados y tambièn el propio placer del Amo. Ni que hablar de obligarlo a tragar su propio semen o lamerlo del piso...y luego continuar torturàndolo. Pero para eso faltaba.





Pero no para lo primero. Esta vez, el Amo no se detuvo. Lo masturbò, provocàndole dolor, tirando adrede la piel del pene bien para atràs en cada movimiento, casi con violencia.





- ¿Acabàs?.





Los ojos del aspirante estaban rojos. Su respiraciòn, acelerada. De repente apenas si moviò la cabeza, impedido por el gancho que salìa de su boca.





El Amo apuntò la cabeza del pene hacia el vientre del esclavo. Un chorro potente de semen saliò de el. El aspirante comenzò a estremecerse aunque no pudo moverse pràcticamente nada, debido a las ataduras. El semen eyaculado chocò contra la parte baja del pecho del futuro esclavo. Fueron uno, dos chorros y luego un montòn de semen que se volcaron sobre el propio pene de “Andrea” y sobre la mano enguantada del Amo.





- Asì - dijo el Amo. - Asì.





Mirò al candidato, viò como comenzaba a desinflarse, còmo el bajòn empezaba a apoderarse de èl.





- Si, puta - dijo. - Mirà -. Puso su mano enguantada cubierta de semen delante de los ojos de la perra. Con la otra mano desenganchò la cadena de la gagball. - Mirà - dijo acercando su mano a la cara del esclavo. Puso el guante cerca de su nariz para que este oliera su propio semen. La mirada de bajòn se convirtiò en mirada de displacer.





- Sentilo -. Acercò la mano un poco màs. Luego simplemente se limpiò el semen del guante en la cara de su perra. Apoyò la mano en el vientre del candidato y extendiò el semen por su vientre. Cuando terminò, volviò a limpiar su guante en el rostro de “Andrea”.





Sintiò como la humillaciòn de su futuro esclavo se le hacìa piel y la erecciòn que tenìa pareciò volverse màs dura. Retirò los broches de los pezones de “Andrea”, desatò sus piernas, desatò sus brazos, lo llevò a la cama y se lo cogiò durante los siguientes 25 minutos. Luego de acabarle en la cara, sobre el semen seco del propio esclavo, lo mandò a un rincòn del dormitorio y lo dejò allì, arrodillado y con las manos cruzadas en la nuca durante la siguiente media hora.





-------------------------------------------------





Echò una mirada a “Andrea”, arrodillado en el rincòn, las manos tras la nuca. Se acomodò en el sillòn y revisò los mensajes en su celular. 3 mensajes. Uno de su madre “¿Te parece que vaya la semana que viene?”





- Si es el sàbado sì. Antes no.





2 mensajes de amigos, uno de Capital, otro del pueblo.





El pueblo quedaba a menos de media hora en auto de una ciudad un poco màs grande, aunque no tan grande como para producirle fobia. Habìa cine, un par de teatros y hasta cada tanto algùn recital. No estaban lejos de Capital, unas 5 horas y algo en auto, 6 y pico en micro. Por eso le llamaba tanto la atenciòn la cantidad de meses de contactos no concretados con esclavas que juraban y perjuraban que estaban en condiciones de relocalizarse para estar con su Amo. El viaje no era caro. En màs de una oportunidad se habìa ofrecido a pagar los pasajes. Ni hablar la estadìa. Sin embargo, aquì estaba. De todas las supuestas esclavas con las que habìa chateado, a veces por meses y meses, sòlo “Andrea” habìa llegado hasta ahì. Y “Andrea” no era una mujer.





Recordò a Susy42, la que tenìa una inmobiliaria. Se decìa haber nacido para ser esclava. “Mi educaciòn prusiana” agregò. Chatearon por semanas. Ella le contò còmo habìa viajado hasta Francia para conocer a un Amo. ¡Hasta Francia!. Sin embargo se enojò y se puso como loca y le escribiò unos mails ofensivos en los que lo llamo “cerdo” (lo que lo sorprendiò, porque lo habìan insultado de muchas maneras a lo largo de su vida, pero jamàs le habìan dicho cerdo) cuando se diò cuenta que èl no vivìa en Capital (cosa de la que no se habìa dado cuenta al contactarse por primera vez).





- Pero estoy a 6 horas en micro. ¡Viajaste hasta Francia para conocer a un Amo!. No te podès enojar porque no estoy en Capital.





Pero no hubo caso.





Se acordò de “slave”. Chatearon durante 3 meses, horas y horas por dìa. Ya no habìa nada màs que chatear despuès del primer mes y medio. Pero ella querìa “conectarse”. Comenzaron a comunicarse en septiembre. Prometiò que viajarìa en diciembre. Pero a medida que se acercaba la fecha, ella se fue poniendo cada vez peor y peor. Querìa chatear màs y màs horas (cosa que èl no soportaba hacer màs allà de los 45 minutos). Cada dìa “corrìa el arco” con nuevas exigencias hasta que, llegado el momento de fijar fecha definitiva para el viaje, desapareciò.





Despuès, justine, con minùscula. Ella lo contactò. “Tengo interès de ponerme en contacto con ud.” le escribiò. El chequeò su perfil. No decìa “sumisa”. Decìa “esclava”. Chatearon por 3 horas, una locura. Pero coincidìan en todo. En todo. Se entusiasmò. Ella le dijo “Busco un Amo que sea capaz de tratarme como un objeto. Quiero ser un objeto. Nada màs”. El se entusiasmò aùn màs. Quedaron para chatear la siguiente tarde, a las 7.





A las 8 el fue hasta el ciber y se conecto. Abriò el messenger, pero ella no apareciò sino hasta las 9 y 15. “Estoy muy ocupada trabajando. Màs tarde me conecto”. - ¿Trabajando a esta hora? - preguntò èl. Pero ella ya no respondiò. A las 10 entrò durante 20 segundos, no le escribiò nada y luego desapareciò. Dos dìas despuès le mandò un mail.





- No estoy preparada. Suerte.





Podrìa haber terminado ahì. Pero no.





Aquel primer contacto fue en diciembre. A principios de marzo ella lo contactò de vuelta. El respondiò con desconfianza, pero los dìas fueron pasando y la “charla” era amena. Un dìa èl le dijo que no sabìa su nombre y que preferìa no saberlo, ya que querìa tratarla como un objeto..





- Por eso dejè de chatear la otra vez con vos: porque me querìas tratar como un objeto





“Whatwhatwhat?” (la madre de Cartman en “South Park: la pelìcula”).





Podrìa haber terminado ahì. Pero no.





Siguieron en contacto. El dudò pero siguiò chateando. Ella le contò que a principios de enero habìa visitado a un Amo en Ushuahia. El le dijo que sus intenciones eran serias. Querìa saber dònde quedaba parado con eso.





- No te preocupes - le dijo. - Esa historia ya se terminò.





La hija de justine estaba terminando de estudiar un postgrado en un pueblo a 1 hora y media de dònde èl vivìa.





- Viajo en abril, para el 10 o el 15 màs o menos. A la vuelta podrìa pasar a visitarte y quedarme con vos, asì probamos - dijo ella.





Unas dos semanas despuès, èl le pidiò una foto. Ella le mandò dos. El las cargò en un pendrive, pero al llegar a su casa, su computadora no leyò los archivos. Estaban arruinados. Durante los siguientes 4 dìas no se encontraron en el chat. Al 5º dìa sì. El le pidiò las fotos de nuevo.





- No me parece correcto mandarte fotos. Yo tengo Amo.



- ¿Amo?. ¿Còmo que tenès Amo?. Me dijiste que no me preocupara por el Amo de Usuhuahia. Me dijiste...



- Noooo...ese no es mi Amo. Yo tengo Amo.



- ¿Còmo que tenès Amo?. Pero...ahora me decìs?.



- Si te lo dije.



- Nunca me lo dijiste.



- Bueno, igual no te voy a mandar las fotos. No me parece correcto.



- Pero me las mandaste hace 5 dìas.



- Bueno...



- ¿Còmo es eso que tenès Amo?.



- Si. Aunque hace 8 meses que no lo veo.



- ¿8 meses sin verlo?. Entonces no tenès Amo.



- Si, tengo.



- ¿Es ciber Amo?.



- No, por internet me ignora



- ¿Hace 8 meses que no lo ves, te ignora por internet?.



- Si



- ¡Entonces no tenès Amo!.



- Si que tengo.



- Pero ¿para què chateamos todo este tiempo?. No entiendo.



- No se què habràs pensado.



- Que ibas a visitarme cuando vinieras a ver tu hija.



- Yo no te dije eso.



- Uy Dios, a vos te falla el moño.



- Sos un irrespetuoso. Asì no sigo chateando con vos - dijo y eso fue lo ùltimo que escribiò antes de desconectarse.







Se levantò del sillòn y se acercò a su futuro esclavo. Pensò en decirle “andà a lavarte”. Pensò en decirle “venì, limpiate”. Pensò en que podrìa haberle dicho todo eso. En cambio dijo





- Abrì la boca





y lo salivò una, dos, tres veces. Despuès sacò su pija de adentro de su pantalòn y lo orinò.





---------------------------------------------------





Consiguiò hundirle el puño completo en el culo el dècimo dìa de la visita. “Andrea” estaba totalmente femeneizado, incluyendo maquillaje en la cara y ls uñas de manos y pies pintadas de negro.





Le llevò casi 3 horas conseguir la dilataciòn completa de aquel culo. 3 horas de trabajo y paciencia. En dìas anteriores habìa logrado insertarlo 2 y hasta casi 3 consoladores en el culo. Pero el puño no entraba. Finalmente, aquel mediodìa, lo logrò. Filmò todo el proceso. Tuvo que borrar y volver a grabar varias veces. Cuando parecìa que el puño penetraba por completo el ano de su futuro esclavo, este se negaba (el culo, no el esclavo). Usò muchìsima vaselina y varios pares de guantes descartables.





Estaba cansado. Su esclavo tambièn. En cierto momento pensò en abandonar la tarea y, simplemente, enterrar un embudo en el culo del candidato y hacerle una enema de orina. Pero siguiò intentando “un poquito màs” dijo en voz baja.





En ese ùltimo intento lo logrò.





La sensaciòn fue sublime. Viò como su puño se perdìa en el culo abierto de su puta y tuvo una erecciòn sublime.





- A la mierda - dijo.





Con la mano que le quedaba libre, pasò el ìndice por el ojal que tenìa la màscara que llevaba puesta “Andrea”.





- Ahì està.





Pensò en la inutilidad del maquillaje de su puta.





- Què boludo...¿para què le hice poner maquillaje si despuès le puse la màscara?. Que nabo...





Pero entonces viò los ojos pintados del candidato y sonriò.





Comenzò a sacar el puño (derecho) del ano de su perra. Lo sacò hasta los nudillos, el punto en que el ano màs se dilataba. Lo dejò ahì unos segundos. Gozò de aquel momento eterno.





- Chupa - le ordenò al futuro esclava mientras le metìa varios dedos de la mano izquierda en la boca. Luego, con la mano hùmeda por la saliva de su perro, comenzò a masturbarse.





Chequeò la luz de la càmara. El pequeño led rojo titilaba. Seguìa filmando.





Metiò la mano dentro de la bombacha de “Andrea” y tirò de los testìculos del candidato al tiempo que hundìa el puño con fuerza nuevamente. Apretò los testìculos hasta aplastarlos por completo y empezò a bombear con el puño dentro de la ano de su puta.





Recordò la primera vez que hizo un fisting. Fue vaginal. Recordò la sensaciòn al terminar de penetrar la vagina. Al abrir la mano y girarla dentro del vientre de la sumisa. Recordò la sensaciòn de naturalidad con que lo hizo. Recordò cuando despuès de dejarla descansar le ordenò





- Ponete en cuatro





y como le practicò otro fisting a pesar de los ruegos para que no lo hiciera. Recordò las mujeres vainillas a las que se lo practicò, la sorpresa que sintiò la primera vez que se lo propuso a una y esta aceptò.





Volviò a concetrarse en los testìculos de la perra. Los estirò, los retorciò, los tironeò, todo mientras jugaba con su puño dentro del ano del candidato. Pensò





- Nunca me voy a cansar de esto.





Y era muy cierto.





-------------------------------------------------------





Terminò de atar la mordaza del candidato. Lo tapò con una sàbana, se recostò a su lado y dijo





- Hasta mañana.





Apagò la luz del velador y se quedò mirando el techo en la oscuridad.





Recordò a “ladonna” una chilena de 20 años de edad que estudiaba en Temuco y que deseaba desesperadamente convivir con un Amo mayor de 40 años. Ella querìa segui0r estudiando, asì que èl averiguò todo para ver si ella podìa seguir su carrera en la ciudad que estaba a media hora del pueblo. No habìa problemas. Ella, escribìa, estaba “feliz”. Chateaban todas las noches. Estaban viendo en què fecha ella viajarìa para que se conocieran. Entonces llegò para “donna” la època de exàmenes finales en su facultad. Y desapareciò. Simplemente desapareciò. El le escribiò una, dos, tres veces. Dejò pasar unos dìas y le mandòd un mail que terminaba diciendo “es mi culpa. El que se acuesta con NIÑOS amanece meado”.





Dos semanas màs tarde, se diò una vuelta por el Facebook de “Donnita”. Pero ya no era màs “Donnita”. Entonces era “Donnita de LB”.





- Que pendeja de mierda. ¿Quièn me manda a mi...?.





Otros casos eran màs sencillos de detectar en un estadìo no tan avanzado. Como el del cross (Katy sumisa) que, decìa, querìa ser convertida en mujer y convivir con su Amo, sirvièndolo, siendo su esclava y sierva. Los mails eran larguìsimos y enrevesados y parecìan un molde al que sòlo le cambiaba el nombre de a quièn se dirigìa. Encima, rara vez contestaba las preguntas que se le hacìan y divagaba a lo largo de renglones llenos de lugares comunes. Y despuès, las fotos...





- Pero esas fotos que mandaste... abajo tienen el nombre de una pàgina de internet.



- Es que se me rompiò la computadora y esas son las ùnicas fotos que me quedaron.



- Pero son de un sitio de internet.



- Mi anterior Amo me las sacò y me las hizo cargar ahì.



- Vos me estàs tomando el pelo...





O la que empezò a mandar fotos sin que se las pidiera. - Està muy muy muy muy buena. Acà hay trampa - pensè. Al segundo mail con fotos hice clic y botòn derecho sobre una de ellas. Apareciò un còdigo larguìsimo, lleno de una cantidad infinita de nùmeros y letras.





- Este no es el còdigo de archivo de una càmara de fotos.





Le mostrè una a un compañero de trabajo. Le dije





- Ese còdigo, ¿de què es?. De una càmara no es.



- No - me dijo sonriendo. Se fue hasta su computadora, donde tenìa abierto su Facebook, clickeò sobre una foto suya y cuando se ampliò, hizo clic sobre ella con el botòn derecho, propiedades y ¡voilà!, ahì estaba el mismo tipo de còdigo.



- Por ahì es de la mina - me dijo.



- Me dijo que se la habìa sacado para mandàrmela.



- Ah....





Siguiò pensando un rato màs en toda la locura que anda suelta por internet. No podìa dormirse. A tientas, en la oscuridad, manoteò de la mesa de luz el dilatador anal y la vaselina en pomo, se incorporò, buscò el culo de su futuro esclavo, atado y amordazado, le puso la vaselina y le insertò el dildo. Despuès se tapò de nuevo y dijo





- Ahora si: hasta mañana.





Medio minuto despuès estaba dormido.





---------------------------------------------------------------------





Estaban sentados en las sillas alrededor de la mesa. El Amo le habìa dicho al candidato





- Venì





mientras se golpeaba la rodilla izquierda.





El candidato se sentò sobre la rodilla de “su Amo” (èl ya se consideraba su esclava a pesar de que faltaran completar las formalidades del caso). Este le pasò un brazo por la cintura, con la otra mano lo tomò de los pelos y empezò a besarlo en la boca.





- Podès abrazarme putita.





El candidato abrazò a “su Amo” mientras se besaban.





Al Amo le gustaban los gemiditos que emitìa la perra cuando lo besaba. “Pensar que hasta hace 2 meses este andaba con una novia...”





- Puta…





Le encantaba llamarla asì. “Andrea” estaba bien, pero decirle “puta” le gustaba màs.





Despuès de un rato le dijo





- Sentate ahì.





El candidato obedeciò.





- ¿Querès venirte a vivir ac...?.



- Si - respondiò el aspirante casi sin dejarle terminar de hacer la pregunta.



- No digo acà a mi casa. Eso no me interesa...aunque obviamente te vas a quedar a dormir màs de una vez, o a no dormir, dependerà de mi ànimo. Digo, al pueblo.



- Si Señor.



- Entonces ¿estàs dispuesto a mudarte?.



- Si Señor.



- Ok. Vas a tener que buscarte laburo. No creo que tengas problema siendo profesor de gimnasia. Medio tiempo, a la mañana. Sòlo si no conseguìs a la mañana, vas a trabajar a la tarde. Pero prefiero que trabajes a la mañana.



- Pero.... - el candidato dudò unos segundos.



- ¿Què?.



- Con medio tiempo de trabajo no me va a alcanzar. Si no voy a vivir acà en su casa tengo que alquilar algo...



- No te preocupès por eso. Uno de los deptos que tengo en alquiler queda libre en 20 dìas. Te lo alquilo a vos por... - lo mirò y sonriò - 1 peso por mes.





El candidato sonriò.





- ¿1 peso?.



- Si, para poner algo. Digo, prefiero que firmemos un contrato de alquiler, aunque sea por esa cantidad. Asì no dependès de mi...digo, mirà si por ahì en no se...1 año se termina nuestra relaciòn por lo que sea... No te voy a echar a la calle porque ya no seas mi esclavo. No me parecerìa justo hacerte mudar y que despuès no tengas donde estar o...que se yo, por cuestiones legales. Dios no lo quiera, pero si me pasa algo, vos asì quedàs cubierto...



- Ok.





Se hizo un silencio.





- ¿En cuanto tiempo podès estar instalado?.





Al candidato le brillaron los ojos.





- No se...tengo que arreglar las cuestiones de laburo allà y no se... lo de mi ex...



- ¿Tu ex novia?.



- Si Señor.



- Ja. ¿Què màs?.



- Pelearme con mi vieja, porque seguro me va a romper las pelotas.



- See...me imagino. Son todas iguales.



- Si Señor. Y no se...



- Comprarte ropita con plata que yo te voy a dar y algunas cosas del sexshop que yo te voy a indicar.



- Si Señor.





Se hizo otro silencio.





- Entonces ¿firmamos el contrato ahora?.





El esclavo se mordiò el labio inferior. El Amo se levantò de la silla y fue a buscar unos papeles que estaban en un cajòn de la còmoda.





- Es el que te mandè por mail. No tiene ninguna modificaciòn. Pero igual leelo completo.



- Si Señor.





El (casi) esclavo leyò aquel documento completo. Tambièn el reglamento anexo y el tìtulo de propiedad. Luego, tomò una lapicera fuente que el Amo habìa dejado sobre la mesa, le sacò el capuchòn, lo calzò en la lapicera, y procediò a firmar todos los papeles.





- Dame tu mano derecha - dijo el Amo. Le pìnchò el pulgar de la mano derecha.



- Ay - exclamò el (ahora) esclavo.





El Amo dejò que la gota de sangre chorreara por el pulgar de su esclavo. Luego le pasò un paño de papel para sacar la sangre excedente y llevò la mano del esclavo hasta el papel, donde le hizo dejar la huella digital grabada al lado de la firma que acaba de estampar en el contrato de esclavitud.





- Limpiate bien.





El Amo mirò el bolso del esclavo.





- ¿En cuanto sale el micro?.



- En media hora Señor.



- Perfecto. Vamos a pedir un remise para que venga en 15.





El Amo fue hasta el telèfono, marcò el nùmero de la remiserìa y pidiò un auto para las 4 y cuarto. Despuès volviò hasta la mesa con un guante descartable en la mano.





- Parate y ponè las manos en la nuca - ordenò. Bajò el cierre del pantalòn del esclavo, buscò su pene (que estaba durìsimo) y lo masturbò hasta hacerlo acabar dentro del calzoncillo. Este lanzò un soplido largo y profundo al eyacular.





El Amo desprendiò el cinturòn de su perra y le desabrochò el pantalòn, que cayò al piso.





- Apoyà las manos en la mesa putita.





El esclavo obedeciò. El Amo le corriò el calzoncillo a un costado, con la mano enguantada y envaselinada (y algo manchada del propio semen de su puta) lubricò el culo ya dilatado para siempre de “Andrea”. Acto segudio abriò su bragueta, dejò que su pija dura saliera del pantalòn y se lo cogiò. Lo hizo con fuerza, con muchìsima fuerza.





- Esclavo - decìa y repetìa mientras lo penetraba una y otra vez, frenèticamente.





Llevò la mano enguantada a la boca del esclavo





- Chupala





A pesar del asco y la humillaciòn, el esclavo no dudo ni un segundo en chupar aquellos dedos inmundos.





El Amo seguìa cogièndoselo mientras miraba los contratos firmados y sellados con la sangre del esclavo.





- Al fin - dijo antes de eyacular dentro de aquel culo.





Se retirò del esclavo, no sin antes limpiarse unas gotas de semen en el muslo de su perra.





Sonò un bocinazo. Era el remise.





- Vestite y andate. Te espero en 20 dìas. Hasta la vuelta puta - dijo el Amo, mientras tomaba el control remoto y prendìa la televisiòn.





El esclavo se retirò. Sintiò su calzoncillo todavìa hùmedo con su semen, pegoteado contra su entrepierna. Sintiò las gotas del semen de Amo en su muslo y el culo aùn lubricado. Cuando levantò el bolso del piso, despuès de cerrar la puerta, sonriò de felicidad.





- Soy su esclavo - murmurò bien bajito antes de cerrar la puerta del remise y decirle al remisero - A la terminal.